Horizonte Performático 2.0
Notas sobre la performance en general por Gina María Montti Cuando pensamos en performance hay tres elementos que no pueden faltar: el cuerpo, el tiempo presente y el espectador. La performance, como práctica artística, tiene la potencia de unificar esos elementos en una apuesta que se despliega con mayor o menor complejidad según el caso. No se trata únicamente de la presencia física de un cuerpo, ni de la mera coincidencia temporal de un acto, ni de la atención de quien observa: se trata de la conjunción entre esos tres vectores, que al encontrarse generan un acontecimiento irrepetible. Al hablar de performance aparece inevitablemente en el imaginario la figura mítica de Marina Abramović, embajadora de esta práctica, quien sostenía: “La performance es real. El arte de la performance es el único arte en el que el medio es el cuerpo del artista”. Esta definición nos devuelve a la idea de lo sacro, de lo ritualístico, donde el centro se coloca en el cuerpo y en la manera en que este interactúa con el tiempo presente y con la mirada del otro. La performance no se limita a representar: sucede, y en ese suceder pone en juego al artista y al espectador en una relación directa, sin mediaciones. En este sentido, la performance es invasiva: irrumpe en el espacio y sorprende al espectador, dejándole escaso margen de reacción. Esa irrupción puede provocar incomodidad, rechazo, fascinación o entrega, pero difícilmente deja indiferencia. Podría pensarse que el espectador siempre tiene la opción de abandonar la sala, de retirarse y anular así el gesto. Sin embargo, esa retirada no borra lo acontecido: el acto ya se inscribió, ya dejó una huella en la memoria, aunque sea bajo la forma de una incomodidad que se intenta olvidar. La performance nos entrega radicalmente al tiempo presente. Cada acción comienza y termina, y aun cuando se repita, nunca lo hace de la misma manera: el cuerpo no es idéntico, el contexto varía, los espectadores cambian, la energía circula de forma distinta. Cada configuración es, por definición, irrepetible. Esta imposibilidad de repetición convierte a la performance en un campo de intensidad donde lo efímero cobra centralidad. Lo que queda no es un objeto, sino un recuerdo, una experiencia compartida, un registro que apenas puede traducir la densidad del momento vivido. Podría decirse, siguiendo a Francis Alÿs, que la performance comparte con ciertas acciones mínimas o aparentemente inútiles la capacidad de subvertir la lógica del resultado. Empujar un bloque de hielo hasta que se funda, caminar sin rumbo hasta que el trayecto mismo se vuelva sentido: gestos que parecen no producir nada y, sin embargo, transforman todo. Así también la performance nos recuerda que el valor del acto no está en lo que se obtiene, sino en lo que se atraviesa. Cuerpo en acto, tiempo condensado, espectador interpelado. La potencia no radica en la permanencia material, sino en el desajuste que provoca y en la huella que persiste más allá de la acción.
septiembre 2025
Video de 1 minuto 25 segundos
Registro y edición: Carlos Ángel Luppi // www.lobouraniano.com
Música: Arwy // @a_r_w_y
Video de 10 minutos 22 segundos
Horizonte Performático 1.0
julio 2024
Inauguramos el ciclo de los Horizontes Performáticos. Su primera edición se llevó a cabo en septiembre de 2024. 6 perfomers presentaron sus ensayos performáticos en nuestro Centro.
Seguido de ello hubo un pequeño conversatorio entre los artistas y el público para poder expandir un poco más cada una de las propuestas e invitar al diálogo. Desde nuestros comienzos, la performance ha sido nuestro principal objeto de estudio: el cuerpo, el espacio y la materia viva como soporte de experiencias compartidas.
Participaron de este ciclo:
Dominique Vispo
Marina Peralta Ramos
Lucía Santos
Cecilia Szperling
Tadeo Homps
Gina María Montti
Registro y edición: Carlos Ángel Luppi // www.lobouraniano.com
Música: Arwy // @a_r_w_y
Video de 1 minuto 25 segundos
Video de 10 minutos
Registro fotográfico: Octavio Ferrari













