Como experimentar, en respuesta a Quizá Dios no existe.
- hace 3 horas
- 2 min de lectura
En respuesta del texto Quizá Dios no existe
Me gustó especialmente la distinción entre el orden y el signo. Me parece una idea potente pensar que el ser humano no inventa el orden, sino las formas de nombrarlo.
Aunque al leer el texto sentí una inquietud en mí.
Sentí que el texto describe muy bien el problema de los signos, pero intenta resolverlo desde el mismo lugar donde ese problema nace: el pensamiento.
Quizá la dificultad no sea solamente que perdimos el signo de Dios, sino que olvidamos un modo de experimentar aquello que el signo intentaba señalar.
Tengo la sensación de que cada vez que pensamos acerca del Todo, inevitablemente lo fragmentamos. No porque pensar sea un error, sino porque el pensamiento necesita separar, nombrar y convertir en objeto aquello que observa. Y quizá Dios o el Universo, o el Orden no pueda ser objetivado sin perder justamente aquello que lo caracteriza.
Por eso me pregunto si el camino no consiste tanto en recuperar un signo como en recuperar una forma de percepción.
La experiencia directa tiene algo que el concepto nunca puede contener completamente.
También me surgió otra reflexión. Me pregunto si existe un riesgo, muy humano, de que cuanto más estudiamos estos temas sintamos que comprendemos el misterio. Paradójicamente, las tradiciones que más han profundizado en él parecen terminar en el movimiento contrario: una humildad cada vez mayor frente a lo que no puede ser dicho. Sócrates, Lao Tse o el zen parecen coincidir en que el misterio empieza justamente donde termina la pretensión de comprenderlo por completo.
Quizá el olvido del que habla el texto no sea una tragedia, sino una condición de la existencia. Tal vez venimos precisamente a olvidar para tener la posibilidad de recordar desde la experiencia y no solamente desde el conocimiento. Como si la conciencia descendiera a este plano para reencontrarse una y otra vez con aquello que nunca dejó de estar.
En ese sentido, no creo que Dios haya desaparecido ni que necesitemos encontrar un nuevo nombre para Él. Quizá lo único que necesitamos es aprender nuevamente a mirar.