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SOBRE EL PRIVILEGIO ECONÓMICO: EL TIEMPO ES DINERO

  • 23 jun
  • 2 min de lectura

Respuesta al texto "El privilegio económico", de Valentino Caruso.



Antes de leer el presente texto, escuchá la canción El tiempo es dinero de Soda Stereo.

Este breve ensayo se ocupará de un aspecto apenas insinuado en el texto de Valentino. En mi opinión, el privilegio económico hoy en día es visible en una cosa por sobre todas las otras: el tiempo.


Caminando por la ciudad he podido observar distintos tipos de transeúntes. Están aquellos que se encuentran energizados y que se disponen a moverse de un lado a otro, casi intentando superar incluso su propia velocidad permitida. Estas personas circulan sin cesar, con un reloj que les marca el ritmo y les condiciona el pulso: hay que llegar al próximo lugar.


El problema es que ese llegar incluye muchas veces apoyarse en un sistema que no siempre los comprende. Un colectivo que no llega, un subte detenido, un tren que se demora; cada interrupción achica esa brecha de tiempo entre los distintos objetivos y aumenta la cuota de cortisol que circula por el cuerpo. Con el pasar de las horas, las caras se van transformando, la espalda se va fatigando y la sonrisa con la que se subió al primer transporte del día se va desdibujando.


Por otro lado están aquellas personas que van casi flotando por las calles. Relajadas, casi con una temporalidad diferente, simplemente saltan de un lugar a otro porque la forma de desplazamiento es anecdótica. Estas personas poseen una virtud que las primeras no siempre tienen: la posibilidad de elegir.


La elección es, quizá, la hermana gemela del privilegio. Quien está por fuera del grupo denunciado por Valentino en su escrito no tiene muchas opciones, sino que muchas veces se ve limitado a la más económica o a la más eficiente.


Quien sí dispone de ese privilegio suele tener alternativas: puede tomar un taxi, pedir un auto, postergar un compromiso, trabajar desde su casa o simplemente disponer de más horas para sí. La posibilidad de elegir cómo administrar el propio tiempo es, en definitiva, una de las formas más evidentes del privilegio económico contemporáneo.


Tener tiempo disponible no sólo implica una presunta reducción en las cantidades de cortisol, sino también tener la mente más reposada, más liviana, capaz de hacerse preguntas, observar, aburrirse y detenerse.


En definitiva, el verdadero privilegio económico no consiste solamente en tener más dinero, sino en poder comprar aquello que el dinero promete pero nunca garantiza: tiempo propio. Tiempo para demorarse, para perderse, para pensar y, sobre todo, para elegir cómo vivir.


 
 
 

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1 comentario


Marian P.
Marian P.
24 jun

Es interesante la imagen: gente como flotando y otros con andar pesados, ansiosos, como acelerados. Es correcta la apreciacion, yo suelo ver a estos tipos de transeuntes pero me pregunto algo mas, tener tiempo (o elecciones no coercitivas) ya de por si es algo positivo? O sea, poder “no estar apurado/coaccionado ya nos libera de algo mas grande o solo nis lleva a otro nivel igual de acuciante del videojuego? Porque no estar apurado puede ser nos lleve a ser dueños de cierta libertad y eso como plantea sartre, nos obliga a hacernos cargo de nuestra libertad. Este texto me interpela en ese aspecto, mas alla de que no tengo respuestas, solo preguntas…

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