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Caravaggio: del ángel al smartphone

  • hace 2 días
  • 5 min de lectura

En la última tertulia hablamos de los signos, los símbolos y las alegorías. En el medio de ese ejercicio apareció un cuadro de Caravaggio: La inspiración de San Mateo.


Después de analizarlo en grupo, se me vino a la cabeza la idea de dispositivo (sin estar seguro que es estrictamente en el sentido foucaultiano), y su relación con el sujeto. Porque en el cuadro pasa algo muy concreto: un ángel le habla a un hombre. Y ese hombre escribe.


Lo que voy a narrar es en esencia lo que fuimos desentrañando en grupo.


En La inspiración de San Mateo la totalidad del universo y la Verdad (Dios/Brahma/Dao, por referencias buscar ensayos anteriores) están por fuera de la obra. No se ven. Pero están implícitas, presentes, sostienen todo lo que sucede adentro del cuadro. La figura del ángel las contiene, las vive, las conoce, es símbolo de que hay algo más, quizá Dios. Sin embargo, inevitablemente, tiene que convertirlas al orden de lo humano.

Y ahí aparece lo que más me interesó.


Las manos del ángel nos muestran la naturaleza limitada del hombre a la hora de recibir la información del alma. La información viene fragmentada por la posición de sus manos. Fragmentada en temas. Y el primero — el uno — lo marca el ángel con el dedo. Eso significa dos cosas: que la información está jerarquizada, y que además es consecutiva. Hay un ordenarla en este plano espacio-temporal-causal. Hay un antes y un después. Hay un tema que va primero porque tiene más peso.


San Mateo, por su parte, es un hombre sumamente preparado para recibir esa inspiración, tanto a nivel de estudio práctico-teórico como de profundo deseo interno. Y sin embargo se lo ve torpe, incómodo, no listo. O al menos sorprendido.


San Mateo quizá funciona como símbolo de que uno nunca está completo, nunca está terminado, nunca está a la altura. Y aun así, con la ignorancia y todo, puede recibir inspiración divina.


Después Mateo lo escribe. Escribe su evangelio según entendió lo que le comunicó el ángel y según lo que su mente estaba preparada para procesar. No según lo que el ángel dijo. Según lo que él pudo recibir.


Ahora bien. Si el ángel es un dispositivo — algo que media entre el sujeto y aquello que lo excede — se me vino a la mente de cual es el ángel contemporáneo: el smartphone.


En distintas tesis:


Uno.

El ángel es quien trae con autoridad un mensaje de aquel orden divino.

El profesor es quien trae con fundamento el orden geométrico de un triángulo. 

El smartphone es quien trae con intereses el algoritmo del orden social y del mundo.


Dos.

El ángel inspira una ética de amor, cuidado, respeto, afín a las plantas en la naturaleza. 

La amistad inspira acciones comunitarias, antieconómicas, de progreso. 

El smartphone inspira hiperconectividad y aceleración, competitividad y homogenización del mundo.


Tres.

El ángel es la figura que sitúa al hombre como parte del todo. 

El smartphone fragmenta al humano y lo separa del todo. Incluso del otro.


Cuatro.

El ángel traduce algo que opera sobre nosotros. 

El smartphone impone el algoritmo, que opera en y sobre nosotros. (1)


Cinco.

El ángel es lo más cercano a la Verdad. 

El smartphone es lo más cercano a la verdad.


Seis.

El ángel es un dispositivo de saber y poder. 

El smartphone es un dispositivo de datos y poder.



Lo que me parece decisivo es la diferencia en la dirección del movimiento.

En la inspiración de San Mateo, el ángel comunica al sujeto con la totalidad. Fragmenta, sí, jerarquiza, ordena, pero lo hace para que el hombre pueda recibir algo que de otro modo no podría. La fragmentación es pedagógica. Es un acto de traducción amorosa hacia abajo. Es un proceso negrentropico, hay una información que excede que se ordena.


El smartphone hace lo contrario. En vez de comunicar al sujeto con la totalidad, lo comunica con un grupo de intereses, con cálculos matemáticos hechos en pos de amplificar y nutrir una monovisión. Su fragmentación no es pedagógica. Es extractiva. No fragmenta para que podamos recibir, fragmenta para que sigamos consumiendo. Cada fractura del sujeto de su entorno aparece capturada dentro del sistema. (2)

El ángel se retira una vez que Mateo entendió. El algoritmo nunca se retira.


Y hay algo más. El ángel jerarquiza: esto va primero, esto después. El algoritmo, como se dijo en el ensayo “10 segundos de bandera” de Florencia Favelukes y “10 segundos de odio” de Juan Agustín Garcia, hace exactamente lo opuesto. Pone todo en el mismo plano. Malvinas, un gatito, la extranjerización de la tierra, un beboteo. No hay dedo que señale el uno. No hay primero. Y sin un primero, no hay pensamiento, hay scroll.

Pero acá está lo que verdaderamente me quedó dando vueltas de todo esto.


San Mateo no estaba listo. Era torpe, estaba incómodo, sorprendido. Y aun así recibió.

Nosotros tampoco estamos listos. Nadie está listo. Pero la diferencia es que Mateo tenía un ángel que le ordenaba el mundo mientras él escribía con dificultad, y nosotros tenemos un dispositivo que nos desordena el mundo mientras creemos que estamos informados.


La pregunta, entonces, no es cómo apagar el smartphone. Esa es una respuesta fácil y probablemente falsa.


La pregunta es qué figura ocupa hoy el lugar del ángel. Qué dispositivo puede traducirnos la totalidad sin capturarnos. Qué nos jerarquiza el mundo sin vendernos nada.


Yo tengo la sospecha de que ese dispositivo no es un objeto. Sino un insterticio. Un espacio entre las personas que se conocen o no. Un ejercicio, una relacion que se va haciendo fuerte.


El lugar que acoge aquello que se quiere erigir. 


Es una tertulia. Es un amigo que te dice la verdad. Es un libro leído despacio. Es una biblioteca de barrio.


Es, en definitiva, el entorno habilitando. 



(1) Esta diferencia entre lo que opera sobre nosotros y lo que opera en nosotros no es menor. El ángel es exterior, y por eso mismo se lo puede mirar, dudar, interpretar. El algoritmo ya está adentro: modela el deseo antes de que el deseo se formule. No es un interlocutor, es una condición previa. Como dije en el ensayo sobre el privilegio económico, lo más difícil de ver es aquello que nos ahorra el trabajo de ver, el poder.


(2) No puedo dejar de pensar en los mercados y el trabajo de tantas personas que emergen en estas fracturas internas tanto de los sujetos y de la sociedad. En cada fragmentación a causa del sistema, debe emerger un mercado que maneja mas voluntad que capital para enmendar aquella fragmentación. Aquellos que luego son tildados de zurdos o marxistas, por el hecho simple de poder ver que la fractura hiere. La fractura condiciona. Mark Fisher no murió en vano!



 
 
 

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