Subgénero excedente
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Subgénero excedente
27/07/2026. 15:36.
“Basurero” Óleo sobre lienzo.
Hoy por fin terminé esta pintura que muestra un tacho de basura de acá a la vuelta. Le saqué una foto al tacho y la usé de referencia. Posiblemente lo siga modificando, pero en todo caso queda el registro del estado actual de la obra.
Me convocan los residuos: su falta de cuidado, su aparente anonimato, su falsa condición de metáfora general. Sin embargo, sabemos que la basura nunca es anónima. Los recolectores de información revisan los desechos porque en ellos persisten rastros, hábitos y decisiones de los ciudadanos. El residuo delata. Este texto tiene que ver con algo de eso.
El texto de artista se podría decir que es un subgénero excedente: el sedimento que deja la producción primaria cuando continúa pensando por otros medios. No es crítica de arte ni texto explicativo; prolonga el régimen experimental de la obra, incluso cuando ese movimiento deriva hacia zonas sin salida o territorios tan saturados que impiden cualquier progreso.
Se escribe en este subgénero como si se improvisara una fórmula química o una receta mágica: materiales en estado bruto, combinados en dosis inestables, capaces de producir combustión y contaminación.
Estas aguas fieras constituyen un género gris, suspendido entre la literatura y la filosofía, sin aceptar plenamente las reglas de ninguna. Su estatuto es el del residuo industrial: aquello que permanece activo cuando la obra parece haber concluido.
Ese carácter residual responde también a una sensibilidad histórica. Nuestra época comparte con la mosca una predilección por lo abyecto, lo bajo y lo excremental. De esa afinidad emerge un régimen de percepción efímero y vertiginoso, compuesto por miles de ojos y, por lo tanto, por miles de puntos de vista simultáneos.
Pensé en agregar una mosca en la imagen de la pintura, pero deseché esa idea porque al final ese lugar lo ocupa el ojo del espectador.
Toda representación nacida de esta matriz adopta la forma de un desorden proliferante, de una putrefacción pirotécnica y de una ruina convertida en escenario. Ya no organiza el mundo desde un centro estable; lo recompone mediante una multiplicación incesante de perspectivas, residuos y fragmentos que remiten a un trucho-futurismo: un porvenir ensamblado con materiales de descarte, promesas vencidas y tecnologías de segunda mano.
El texto de artista participa de esa misma lógica. No aspira a la claridad del sistema, sino a la productividad del resto, al cual intensifica para crear las condiciones de su dispersión.

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