Condiciones de sincronía
- hace 1 día
- 2 min de lectura
Me vine hasta el fin del mundo con el objetivo de jugar con un barrilete, me encontré con otra cosa.
ADVERTENCIA: volar un barrilete no es tan simple como parece.
Volar un barrilete es una de las danzas más exigentes que he realizado. compenetrarse por completo en la acción. La atención y la entrega deben ser absolutas; de lo contrario, no habrá danza.
Ahora bien, esto no es un juego de a dos, se requieren tres para esta coreografía, esto lo hace tan especial. Hay un personaje omnisciente que es indispensable: el viento.
Volar un barrilete no es tan fácil como parece, ni siquiera es tan evidente. No es algo que pueda realizarse en cualquier momento. No está disponible siempre, no es como una pantalla que decidimos prender y apagar sin sentido. Tampoco es cuestión de agregarle un sentido a todo, el barrilete quizás no lo tenga tampoco. El tema está en que esta danza no es inmediata ni tampoco caprichosa, requiere de un momento determinado para que suceda.
La entrega debe ser total, el viento debe estar presente y el sujeto también.
Una vez que logré remontar mi barrilete rosa, no podía despegar los ojos de él. Me pedía más hilo, se lo daba, me hacía moverme de un lado a otro, la mirada puesta fija en el cielo, ¿Cuál habrá sido la última vez en hubo un diálogo entre mis ojos y el cielo? Algún ave curiosa se acercó a intentar entender esa danza de a tres pero como no la registramos decidió seguir su curso un tanto molesta.
Pensé que había viajado hasta el fin del mundo para volar un barrilete. Ahora sospecho que viajé para encontrar una forma de atención que ya casi no sabía que existía.

Que divertido y nostálgico el barrilete!
ufffff