¿Sueñan los gauchoides con un mundial eléctrico?
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El trabajo de mis sueños: desocupada con un ingreso misterioso. Me despierto a la mañana con el dulce sonido de una ciudad destruyéndose, elección favorita dentro de una playlist que no elijo. Lo primero que pienso en la mañana es que me encanta que me critiquen por la espalda, porque se supone que vivo de Tal. Condiciones ideales. El ingreso misterioso de mis sueños consiste en changas que me mantengan ocupada, no tan ocupada como para dejar de producir, escribir, pero que sustenten mi café en Palermo todos los días, ese no lo negocio. El ingreso misterioso de mis sueños implica levantarme a las 10hs, tranca. Ocio. Me desperezo, tranca. Ocio. Pienso. Creo que tener un ingreso misterioso debería dar tiempo a pensar. La vida real nunca se interpone, la desocupación encaja perfecto para pensar. Me encanta creer que cuando la vida real no se interpone, sería posible formular un pensamiento sin interrupciones.
No pienso en que mis zapatos galopan abajo del escritorio de mi oficina mientras fantaseo con un ingreso misterioso. Se me cruza como un recuerdo la posible relación entre el electro-folklore y los escritos de Michel Nieva sobre ficciones gauchopunks. Se me escapa una risita por lo bajo y me miran raro desde otro escritorio. Me río porque el pensamiento siempre se cuela igual, sin pedir permiso, por los huecos, mientras alguien sin ingreso misterioso cumple horario.
No lo creo importante hasta que en el partido de Argentina se me habilita un tiempo deseado, esperado, fantaseado para escribir. El Mundial funciona como un permiso social para que el tiempo se detenga. Los yanquis no lo entienden: alguien se lastima en la cancha y ponen música para que no les dé tiempo de pensar. Esto no es béisbol, correte que se corta el aire con el cuchillo que clavamos en la tierra para que no llueva. Vuelvo a respirar y me vuelvo a ir en propagandas mentales, brotes gauchísticos. ¿Qué pasa cuando un sonido te lleva directamente a una imagen construida en tu propia cabeza a base de palabras de otro? A mí me basta con que mi ingreso misterioso sea un pensamiento rebelde.
Suena Campo-loop, mientras mis pies todavía galopan abajo del escritorio de la oficina, pienso en ficciones gauchopunks, pero estoy encerrada en la ciudad. Pampa no tiene fin, cielo de mares. Pampa gore, cielo de fantasmas. Juncos que no cuentan el secreto y pienso en Mariana Enríquez. Para no olvidar lo chic, me delineo los ojos de celeste y blanco con una espina. Piso la tierra y clavo mi taco de aguja. Árboles envueltos en trapos cortados celestes y blancos. Vamos Argentina. Ato una cintita roja al auto. Alguien se levanta a congelar a Tal.
Esto que estoy describiendo ahora es mi ingreso misterioso, solo que nadie me lo pagó, lo tengo igual y lo comparto. Me vuelvo a reír de la fantasía de que necesito no trabajar para ser libre.
¿Sueñan los gauchoides con un mundial eléctrico?

Me encantó que haya un disfrute del que hablen mal. "Hablen bien o mal pero hablen de mi" a la vez me extraña que con una actitud así no se elija el playlist que le hace producir sin parar y disfrutar con pasión que transmite el texto el Flat White (que seguro que es con leche de almendras o deslactosada)
Tengo una marca que tiene el pantalón "gaucho punk" te lo vendo, tengo todos los talles.
Perfecto. Hermoso. No hay nada más bello que el ingreso misterioso.