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Cosas que aprendí de un auto-reto

  • hace 4 días
  • 5 min de lectura

Iniciado el plan de transformarme en la mejor versión de mi, elaboré un plan escalonado de proyectos que empujaran mis limites para poder desarrollar todo mi cuerpo, espíritu y mente. El primero era correr 21km.


Las cosas que aprendí que son claves:


  1. Ponerse una fecha donde medirse

En este caso fue la carrera la que me ayudó a armar un plan semanal en el que podía saber cómo debía ser el progreso para poder llegar a full a la carrera.

Sabiendo el día y el desafío, uno puede hacer un cálculo de lo que necesita saber y mejorar para llegar a ese día.


Además, si uno sabe la magnitud del objetivo, puede prepararse mejor y mejor, para tener la ventaja sobre aquel objetivo incierto. La ventaja sería minimizar la incertidumbre.

Minimizar la incertidumbre da más confianza. La confianza te deja fluir y ser más honesto o transparente. Y eso lleva al disfrute y a la posible felicidad.


Aunque hay que decir que esto vale para quien ya está adentro del sistema. Como escribí en el ensayo sobre el hurto, para el que nunca fue contenido por el orden, lo previsible no tranquiliza. Ahí la seguridad está en lo aleatorio.


  1. Tener un entorno que te acompañe

La fuerza para llevar adelante los proyectos, sean de la índole que sean pero que salgan de la voluntad de uno y no sean impuestos, mejora sus chances cuando son compartidos con otras personas.


El humano es esencialmente relacional. En el intercambio, o sea en el decir, escuchar, explicar, vulnerabilizarse, uno construye una narrativa. También construye un deseo fuera de uno. Cuando el deseo se encuentra en la comunidad, en el entorno, en los queridos, ese deseo gana vida propia, y lo alimenta a uno. De la misma manera que la Fuerza en Star Wars, o la gracia en el mundo real.


Compartir lo bueno y lo malo también forma parte, pues el contento nos levanta a uno y al otro, mientras que en la frustración está el otro para acompañar y levantar.

También hay que decir que el entorno falla. Hubo compañeros que al final no iban a participar. El entorno habilita, no garantiza.


  1. Aprender de todo aquello satelital al proyecto en sí

Correr 21 km no fue solo correr los 21 km. Fue mirar qué necesitaba para correr. Empezando con mi cuerpo. ¿Podía correr rápido de una? ¿Podían mis rodillas vírgenes resistir el impacto? ¿Con qué comida se recupera mi cuerpo?


Desde la voluntad de Luke Skywalker de redimir a su padre y salvar el cosmos del mal, o la de Frodo de terminar con el anillo, todo tiene un mundo que lo contiene. Si un proyecto es como el viaje del héroe, este no viaja ni navega en el vacío. Hay todo un ecosistema que alimenta con saberes, afectos y fuerza para que suceda.


Para este desafío tenía que aprender qué necesitaba desarrollar en mi cuerpo para poder correr. Así aprendí sobre metabolismo aeróbico y anaeróbico, la expansión del VO2 y del corazón. Aprender sobre mitocondrias, y muchas cosas más. Entendí que, como preparar una comida, hay muchos pasos que hay que seguir para que mi cuerpo esté óptimo. No se puede querer algo y que ese querer organice la agenda y el camino. Hay que querer, estudiar, planear y ejecutar. Son cuatro fases.


También hay que usar tiempo para entrenar otras áreas del cuerpo. Los ligamentos. Hay ejercicios específicos sobre esto que no son correr. Tienen sus propios elementos que no son específicos de correr, sino de entrenar las articulaciones. Sin la seguridad de mis rodillas tampoco podría haber corrido.


Además, aprender de comida para poder maximizar cada sesión de entrenamiento, cada día por completo.


Todo esto debe ser aprendido, incorporado y practicado en su justa medida. No en profundidad, pero lo suficiente para correr los 21 km. Por ejemplo, para correr los 42 km debería profundizar más. Más sobre los músculos, la comida, los geles, la gestión de la energía. Un paso como ese seguramente debería incluir contratar un entrenador.


Es lo mismo que decía en el ensayo sobre la repetición. Lo que sostiene no es lo mismo que lo que aparece. Nadie corre una carrera solo, la corre un ecosistema entero y uno es la parte visible.


  1. La vida de los proyectos o los desafíos

La naturaleza es sabia y repite su orden hacia todo el universo. La materia y el pensamiento, las dos formas en que conocemos lo que hay, funcionan de la misma manera.

La vida de una planta se parece a la vida de una persona. Mientras que la vida de las ideas se parece a la vida de las plantas. O sea que las ideas también viven como las sociedades. Nacen, evolucionan, se sofistican, sufren cambios, se adaptan o mueren.


Los proyectos tienen la misma forma de vida que cualquier otra cosa organizada, desde un valle con lago que deviene el Sahara, hasta una monarquía que deviene república.


En este caso, que fue un proyecto acotado, muy físico y mental, también hubo momentos donde hubo incertidumbre, cambios y hasta dudas. Al proyecto se le interpusieron días de lluvia, una microlesión, compañeros que no iban a participar. De la misma manera hubo días soleados donde pude superar mis límites hasta el momento, días donde compré mi equipo para correr. Incluso situaciones personales que afectaron al proyecto.


Es indispensable decir que en los últimos meses, con una microlesión en el aductor, no pude entrenar como tenía en el plan. Esto generó inmensas dudas en mí. Sabiendo que sí o sí largaría, no sabía si llegaría.


Y lo que la lesión rompe no es el cuerpo, es el plan. Ahí aparece la pregunta de si uno quería correr o quería cumplir el plan. Uno no lo sabe hasta que el plan se cae.

Todo hay que tratarlo con la dinámica de lo orgánico y lo vivo. Tratarlo, vivirlo, sin rigidez, con una estructura que aguante los cambios.



Extra: La diferencia con lo mental y el siguiente desafío

El próximo desafío y límite que no puede retrasarse más es aprender alemán.

De lo aprendido saqué:

Primero hacer uno o dos meses para poder comprometerme de lleno. De la misma manera que con correr, que después del kilómetro 6 me comprometí y a los 10 km me anoté.


Hay que estudiar todas las semanas, dos veces al menos. La constancia es todo.


Tengo que anotarme en el primer examen de alemán una vez que me comprometa, y a partir de ahí armar un plan.


Debo generar un entorno que me motive, y detectar las microvoluntades satelitales que me van a hacer mejorar.


Desafíos

Es verdad que el desafío físico ordenaba la mente en este caso. Porque todavía con algo en la cabeza, podía mandarme a mí mismo a correr y la cabeza se ordenaba después, incluso cuando el pensamiento estaba cansado.


Para aprender alemán, que es algo sumamente mental, debo aprender a concentrarme rápidamente. De estar cansado, a estar dispuesto en un muy pequeño lapso de tiempo.

¿Existirán maneras? ¿Trucos? ¿Encontrar la fuerza para no dejarme controlar por aquello que no merece lugar en mi cabeza?


Y acá hay algo más grande, que ya escribí cuando comparé al algoritmo con Iago. Lo que se nos disputa hoy no es el amor ni la libertad, es la capacidad de atender.

Correr fue fácil en ese sentido. Nadie me disputaba la atención mientras corría.

 
 
 

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