Divague sumerio
- 28 abr
- 2 min de lectura
Comenzando con gerundio y repitiendo infinitivos, o mejor: comenzar en infinitivo y seguir infinitiveando a grosso modo, con trazo grueso detalles finos. Acá planteo una serie de fragmentos que son divagues para sacarle punta al coso y ver si sale algo.
Divague Nº 1: escribir también es caminar.
Caminar también es dibujar, pero sobre todo caminar para configurar un territorio provisorio. Como dijera una vez el amigo Ney, un editor-poeta que había establecido la fecha de su muerte por esos días, 2009 en estos días, ya ni me acuerdo: jugar al Photoshop señalando situaciones azarosas y eventuales creando un marco efímero, sin fijar, sólo en el momento, al pasar y prestando atención regando con gotas de mirada la vereda que siempre cambia y se erosiona lentamente aflojando baldosas y desarrollando malezas.
Flaneurear o vagar por el placer del recorrido sin rumbo para darle cabida a la suerte y así perder el tiempo que igual se agota y ya no hay más. Asimilación de la sabiduría del memento mori con los filtros de la sabiduría cínica, perruna o también gatuna, que nos parió y nos arrulla y nos guía hacia la nada, hacia el cosmos, hacia el infierno.
Señalar aplicando el método de Alberto Greco, el vivo dito, marcar con un círculo de tiza cosas y personas que son una pieza de arte porque mi sagrado dedo lo señala.
Divague dos (porque cambiar el toforma es ampliar el troregis, ¡hace cuánto que no como torrejas (de mi vieja)! Crear un instrumento hipo-útil que le agregue punta al coso en vez de sacarle. Necesidad inaudita de volver para atrás en una lucha absurda contra el caos (y no digo entropía, eh). Pero bueno, es así: le agregamos punta al lápiz quitando los restos dejados para el rastro del trazo de la línea continua de la letra cursiva, para devolver el material abandonado con-sentido y con dirección, des-haciendo pero no borrando sino rebobinando la línea porque esto es escritura y no estoy caminando ni dibujando, estoy fabulando. Y aunque esto es un ensayo y no es ficción, me mando.
Divague 3. (Por lo menos no estoy usando números romanos) para que se me entienda, como la otra vez escuché, y eso me marcó, en la calle cruzando 9 de julio: “Que dice ahí? Md CCC L xxx, que carajo?” En fin el tercero es el vencido, porque no hay más y estamos en la palabra número 399 y faltan contando con estas otras cinco/seis/siete cuatrocientos siete que ya son 411… faltan 86 y ahí vienen, sus patitas (de las letras) suenan a teclados:
Yo nací en el 84 y la televisión era el hogar, la fogata que nos iluminaba el magín y lo deformaba todo. Oh, cuántos rayos catódicos enhebraron mis quemados bastoncitos y conitos que se fueron para no volver, rayos, conos y bastones, la mente multicolor: la historia de mi niñez. Y me viene una nota sumeria:
“Fuego, que alumbras nuestras caras atónitas, alumbra también la casa de la noche, que hacia allí vamos.”
Comentarios