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Dominlunes del dividuo

  • 19 may
  • 2 Min. de lectura

Papi, estoy aburrida, ¿puedo mirar una película? Eso decía una nena el domingo a la tarde después de un rato de andar en bicicleta, dibujar y colorear los dibujos con su hermana. 


¿Es más divertida la pasividad que es entretenida por un agente captador de la atención o es la primera “droga dura” a la que se expone el ser humano que siente placer en la anestesia? Si cualquier mortal quisiera escapar de esta trampa, podría procurar realizar prácticas meditativas, yoga, journaling, o manualidades, pero difícilmente podría refugiarse por completo en un retiro espiritual cotidiano.


Quien quiera convertirse en el equivalente a un monje moderno (o contemporáneo), tiene que vivir en una “ermita” que es su casa de ladrillos y cemento, y conformarse con ser mitad humanoide mitad roboide, sin llegar a ser aún un transhumano, porque no le da la guita. Está en el limbo, y no por decisión. Es la histórica sucesión de hechos la que lo puso en ese lugar. 


Pero la potencia de no no es lo mismo que la impotencia. La impotencia se genera por la sensación de incapacidad de hacer algo para cambiar los hechos injustos, desagradables o incomprensibles, es un estado en el que cada vez estamos más sumergidos. La estrategia parece avanzar con éxito: bombardear con contenido incoherente, conflictivo, delirante y repulsivo, hasta que el cerebro se adormezca.


Es en ese punto de adormecimiento en el cual puede improvisar ejercicios de conexión con “la naturaleza de las cosas”. Puede intentar ladrarle a la luna cuando está en cuarto creciente, cantarle a los pájaros cuando anochece, pasarse la tarde pergeñando y richiyendo, y crear un lenguaje propio no cientificista. Pero al fin y al cabo estas actividades son otro tipo de entretenimiento, uno fugaz y menos perjudicial que escuchar el cinismo y disparates de los “representantes” de la República, mientras se mantiene encerrado en el cubo del endeudamiento ficticio.


El Dividuo, como lo llama Deleuze en su Post-scriptum sobre las sociedades de control, está preso en el pixel, es su propio obrero que carga sus propios datos, se encierra y controla así mismo. Porque de otra manera el libre albedrío le dejaría elegir entre la posibilidad de caer en la indigencia, la delincuencia o la muerte. Ahí radica la potencia de no, quizás desde un punto un poco pesimista.


Tener el poder de decir que no también puede estar en bancar la parada, pero eso significa preparación, organización, aguantar el dolor físico y emocional. Como una cooperativa de anarco-budistas, mezcladas con sangre de metal pesado y alma de linyera, con alguna mínima formación intelectual que no responde más que el afán de saciar un perpetuo estado “fáustico”. Decisiones cotidianas combativas como herramientas de lucha. Tal como novedosas alternativas al sistema de trueque que requieran dar la cara y la mano, fabricar bebidas espirituosas caseras para ser tomadas sólo los miércoles por la tarde, y relegar los sábados a la noche para el mate o el té, ¿por qué no? 



 
 
 

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2 comentarios


Valentino Caruso
Valentino Caruso
hace 7 días

"Tener el poder de decir que no también puede estar en bancar la parada, pero eso significa preparación, organización, aguantar el dolor físico y emocional. Como una cooperativa de anarco-budistas, mezcladas con sangre de metal pesado y alma de linyera," jajaja

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Marian P.
Marian P.
19 may

preso en los pixeles, es frase del estilo futurista ricotero. el

individuo presonen las redes socioles. atrapado en libertad! saludos

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