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El hombre en el mundo

  • 6 nov 2025
  • 2 Min. de lectura


Creo en el panteísmo, y en que todos somos uno. También creo que el ego y el pensamiento son quienes dividen, como una navaja, las cosas. Sin embargo hoy, no recuerdo qué imagen o qué historia me hizo pensar al hombre como a un ser que recibe al mundo, que le pesa, que lo tiene que masticar.

Veía a un hombre que, para empezar, se veía afectado por la gravedad. Se apoyaba en el piso, con un peso que le daba cierta libertad para moverse.

Estaba vestido. Un cinturón lo apretaba en la cadera sosteniendo un pantalon y una camisa le cubría todo el torso y los brazos. Esa ropa era una armadura que el mundo le había brindado, que él mismo le había arrancado al mundo para taparse y no quedar desnudo frente a los demás.

¿Pero de dónde sale aquella inconformidad frente a la mirada del otro? Una construcción a medida, impuesta por la silenciosa cultura del mundo que lo rodea. Hasta aquí, el hombre que parecía libre solo se ve aprisionado por el mundo.

Al hombre, que busca cierta paz, silencio y un momento de nada, se le acercan otras impresiones y pensamientos. Se le acercan sin ninguna autorización. Como autos manejando en su dirección, llegan las imposiciones de la cultura, el cansancio físico, la noche, la soledad. ¿Cómo manejar todo a la vez? ¿Cómo puede ser tanto para un solo hombre?

Incluso en los mejores de los casos —cuando lo que recibe del mundo es para su bien, como un abrazo, un beso o una buena ración de comida—, el hombre recibe o ingiere, lo usa o lo metaboliza, lo apropia o lo rechaza. Y así el hombre es como una máquina que va desarmando y armando, defecando, sudando, usando, cambiando, poniendo o devolviendo.

Lo que para él viene, él usa y él deja.Él es como la línea fina del presente, que solo cataliza un pasaje.

Anexo 1:

La “catalización” es una operación esencial de la materia. La gota de lluvia que moja la tierra que rodea una semilla, reproduce la materia y produce el porvenir. La materia “trabaja”. 

El trabajo es una necesidad biológica para el ser humano. Este debe  procesar los conceptos inteligibles de la cultura (éxito y progreso, modas, códigos morales), las fuerzas emocionales de la complejidad de la vida (amor y dolor), y la fuerza física de la hostilidad del mundo corpóreo (hambre, frio, cuidados).


Anexo 2:

Pareciera ser que la única forma de no trabajar —en el sentido de procesar activamente el mundo— es cuando el pensamiento se suspende. 

Cuando contemplamos, uno mira el universo, suspendemos el juicio.

Cuando meditamos nos identificamos con esa fina línea catalizadora del flujo de la materia (análoga a la fina línea del presente que cambia futuro por pasado). 

En estos dos estados, percibimos ese flujo, con una percepción distinta y percibimos el devenir, formando parte, como una planta lo es. No nos afirmamos ni nos defendemos, sino que somos presencia. Solo ser.


 
 
 

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