Fenomenología de la Producción
- 13 nov 2025
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La pregunta por cuál es el camino próximo a seguir se encuentra con la falta de certeza sobre cuándo una obra está terminada y resultan en un problema que pareciera paralizador, o que a lo sumo dispara un análisis introspectivo e intelectual pero que no necesariamente resulta en una acción. Lo que llamamos fenomenología de la Producción es el análisis desprejuiciado de lo que se nos presenta, despojado de sus significaciones preestablecidas, una pura demostración de lo que se muestra dentro de sus límites.
Al considerar la carrera en su totalidad, en el ciclo de la vida, la obra tiene valor intrínseco y simbólico cuando se sustenta por la trayectoria recorrida y por la producción a futuro. Pasado, futuro y presente refuerzan y sustentan al mismo tiempo la certeza en y valor de la obra de arte. San Agustín en sus Confesiones entendía a estas medidas del tiempo como memoria, espera y atención; para Aristóteles el alma es la verdadera “medida” del tiempo, y el tiempo es la medida del movimiento según el antes y el después. Ferrater Mora explica que la presencia está siempre presente y por eso es, mientras que la realidad fenoménica está siempre a punto de desvanecerse y por eso deviene. Para Platón el tiempo es la imágen móvil de la eternidad (Timeo).
La obra de arte entendida como la Producción del artista es una realidad fenoménica porque se encuentra sujeta a las categorías temporales que le dan vida. Una obra hecha en un determinado momento pasado deja de existir como tal cuando no hay una atención en tiempo presente y una espera sobre lo que será a futuro. La incertidumbre sobre su propio devenir surge del uso incorrecto del instrumento de medición. Pero,¿cómo no confundirse cuando las estructuras de validación se interponen en la propia percepción del artista sobre su obra?
La modernidad significó la autonomía de la obra de arte porque se liberó de los fines políticos y religiosos y de alguna manera perdió un espectador conocido en cuanto a sus gustos y preferencias para ganar otro más difuso, amplio, cambiante y en cierto punto impredecible (todos y nadie). Es así que el artista, lobo solitario, se convirtió en una única referencia espectacular (en el sentido de espectador) para decir: si esto que hice me gusta a mí, ya encontraré a otros que compartan conmigo el deseo de presenciar la obra. Porque hacer es presentar lo que se desea ver formal y materialmente. Pintar un cuadro o crear una obra que no se ha encontrado antes en ningún lugar es traerlo en presencia.
En un taller con formato de clínica de análisis de obra, Mariano Sapia dijo que el artista actual tiene la ventaja de disponer de todos los estilos hechos hasta ahora. En su ciclo de video-charla, Tomás Espina leyó un texto de otro autor que plantea que el gran pintor es capaz de atravesar todas las transformaciones para llegar a una que satisfaga su búsqueda.
No se trata entonces de encontrar un tema o un camino único, sino de atravesar todos los caminos posibles y permanecer en el movimiento para que el tiempo medido con el alma, haga lo suyo.

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