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Glosa

  • 7 may
  • 2 min de lectura

El último viernes, contó Valentino, se realizó en una casa cultural y a la vez pequeña galería de arte hubo un encuentro de tertulianos, y  de otros interesados en esa zona amplia denominada “artística”. 


Yo no pude acompañar el evento, al estar de viaje, me apenó no concurrir. Me quedé pensando en que significa la presencia en estos tiempos.


¿Estar en algún lugar es que “esté nuestro cuerpo” en el lugar del encuentro?

¿Estar es poner un corazón en Instagram?

¿Estar es solo “desear ir” aunque no podamos estar físicamente?


Estos pensamientos sintonizan con la pregunta de fondo, acerca  de que es más relevante, si la realidad “dura” del dato empírico (estar presente en un lugar a una hora) o si lo que cuenta, es el plano del deseo genuino (quiero ir, aunque no puedo). 

¿Que el cuerpo “vaya”, aunque yo estoy pensando en el celular y sus algoritmos, alcanza?  ¿Es más importante lo que sucedió o lo que queremos que suceda?


Una novela que suele leerse en calle Puán, en la sede de la Facultad de Filosofía y Letras y  que es bastante “under” fuera de los círculos académicos, es de un escritor santafecino que para muchos está a la altura de los grandes, llamada “Glosa” y trata estas preguntas que me estoy formulando.


El tema como elemento central de su trama es una fiesta de cumpleaños.

Un amigo, que camina por santa fe, se cruza con otro accidentalmente, y mientras recorren treinta cuadras precisas conversan sobre aquella fiesta de cumpleaños de otro amigo a la cual no fueron invitados.

Estas personas hablan del evento al que no concurrieron con certezas, como si supieran lo que sucedió-


Al imaginar y dar por sentado sucesos, momentos, explicaciones desarrollan teorías. Todo hasta que el encuentro con un tercero, hace que este les cuente que lo que el vió en la fiesta, porque el “estuvo ahí”, y pudo ver  otra cosa que todo lo conversado y filosofado; Los amigos siguen caminando creyendo que la verdad no es lo que les contó esté tercero, sino que, por no lastimarlos, les contó una versión edulcorada del evento y lo que ocurrió en esa fiesta, es más cercano a lo que ellos creían.


Esta novela que estoy describiendo someramente y simplificada al extremo, de  Juan José Saer, nos trae de lleno la cuestión de que es lo relevante: 


 Si “estar” o “desear estar” y, por otra parte, si “lo que sucede en verdad” entre las personas, es posible de ser analizado, de ser narrado, o son solo “conjeturas” de como recibimos las cosas desde nuestro lugar siempre subjetivo.


Volviendo al encuentro del viernes, del cual no sé cómo se desarrolló ni que obras tenía en su instalación vuelvo a pensar si para escribir sobre algo, se debe “conocer” eso de lo que vamos a explorar.


¿A propósito, el viernes de que tema estaremos charlando?

¿Es útil planificarlo?

¿En los encuentros entre los seres humanos, en que nos juntamos “para ese fin”, podemos cerrar ideas tras conversar?

 

 
 
 

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