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Ideología, utopía y realidad 

  • 15 oct 2025
  • 2 Min. de lectura

Según cómo se mire, la idea que se tiene de una misma cosa puede variar. Hay quienes afirman que el futuro apareció una vez y se convirtió en pasado, y quienes aseguran poder leerlo en la mano, los pies o el fondo de una taza de café. En estos casos todo depende de quién mira y de quién cree. Hay quienes creen sin razones, y quienes sostienen que su certeza proviene de la razón, negando que haya creencia en su convencimiento. 

Cada persona es única e irrepetible, por eso no pensamos igual, aunque muchos compartan ideas semejantes. Se dice que vivimos en un mundo fragmentado, roto por grietas difíciles de unir. En latín, fractus significa fragmentado, y de ahí deriva fractal: figura que muestra detalles en todas las escalas, irregular, autosimilar y definida de forma recursiva. Aunque suene intrincado el parangón, es más bien una simplificación. La realidad es mucho más difícil de entender porque está formada por un sistema complejo. Un sistema complejo está compuesto por varias partes interconectadas cuyos vínculos crean información adicional no visible antes por el observador; y como resultado de las interacciones entre los elementos, surgen propiedades nuevas (emergentes) que no pueden ser explicadas a partir de los elementos aislados. 

Aún así, desde este humilde lugar vamos a intentar esbozar líneas o palabras para tratar de entender lo que pasa y de construir algo que consideremos valioso para todos. Si ésta es una mirada idealista o utópica aún no lo sabemos. Lo que sí tenemos claro, nos guste o no Kant, es que el otro no es solamente un medio para un fin sino un fin en sí mismo. 

Nos preguntamos entonces cómo se entiende que un país se encuentre fragmentado en partes tan disímiles, independientemente de su contexto geográfico y socioeconómico, si viven, supuestamente, la misma realidad?¿Qué significa vivir la misma realidad?¿Qué relación hay entre ideología, utopía y realidad? La realidad vivida está hecha de lo cotidiano: el trabajo, las obligaciones del hogar, las compras, la familia, las relaciones sociales, el entretenimiento, las redes.¿Cuánto influyen estos factores en la percepción de la realidad?¿Y cuánto hacen por su lado las ideologías que promueve el poder? 

Si el mismo término ideología es ya de por sí equívoco, es decir, que tiene varios significados distintos, y además, dentro de sus significados encontramos el de distorsión o disimulo, “conciencia falsa” determinada por las relaciones sociales (Marx y Engels); creencias ligadas a una clase social aunque se consideren verdaderas; sistemas organizados de creencias irracionales, aceptadas por autoridad, que cumplen una función de dominio sobre los individuos (justificación o legitimación); y también como integración. Estas definiciones se vinculan con la realidad política, mientras que la utopía parece alejarse de ella, desplazándose hacia otro terreno. 

Sin embargo, ideología y utopía se entrecruzan en la construcción del imaginario social. La ideología provee una narrativa sobre la cual el imaginario se sostiene y se mueve entre la realidad experimentada, la historia moldeada por el discurso y la otra realidad, la que imagina la utopía. 

De ahí surgen nuevas preguntas:¿puede existir un sistema distinto del actual, autónomo y capaz de satisfacer las necesidades contemporáneas?¿Son reales esas necesidades y cuáles son?¿Cómo sería ese modelo ideal?¿Podemos, al menos, imaginarlo?


 
 
 

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