top of page

La pintura en el origen

  • 11 feb
  • 3 Min. de lectura

¿Qué hay al principio? ¿Con qué nos encontramos en el origen? Muchas teorías nos podrían llevar por caminos diversos, pero en esta ocasión vamos a divagar sobre la pintura como símbolo de lo humano, puesto que no solo es una técnica, sino el acto fundacional de la humanidad. 

La Pintura, la difusa, en su carácter más propio que es el de mutar, fluir, transformarse y hasta engañar a los sentidos ocupando el lugar de la realidad estetizándola hasta llevarla hacia lo hiperreal; es el primer arte humano y lo diferencia de los demás homínidos, de los animales y de los dioses. La mano del artista embadurnada en un color – materia simbólica – ensucia su cuerpo, su canoa, una cosa o una pared, y en ese gesto lo transfigura. La herramienta luego ocupa el lugar de la mano y extiende su campo de acción para transformarse en prótesis. El pincel que deposita el material fluido de color para inseminar con un concepto y darle vida a la imagen, la deja sellada, definida y establecida iconográficamente. El hecho de usar herramientas ya puede ser tomado como eje para marcar el comienzo del pensar humano, dirá Bataillle que más que el hecho de hacer herramientas es el hecho de sepultar a sus muertos lo que hace al humano un homo sapiens. Podemos decir que mediante la creación de símbolos nos enfrentamos a lo ineludible y misterioso, y tratamos de establecer un orden en el aparente caos. 

 El animal reacciona al mundo. El dios lo crea de la nada; solo el humano lo transfigura. La “mano embarrada” es el puente entre la naturaleza y el espíritu, donde el "ensuciar" (el gesto matérico) es en realidad un acto de purificación estética.

La capacidad de la pintura para ser "difusa" y "mutar" alude a su naturaleza mimética. Al ocupar el lugar de una "realidad mejorada", la pintura no miente, sino que revela una verdad hiperreal que el ojo desprevenido no alcanza a ver.

A diferencia de otras artes que requieren mediación o tiempo (como la música o la literatura), la pintura es un "acto directo sobre el plano". Es un sello que otorga vida eterna a la imagen. Y no sólo esto, también podemos decir que la pintura es un acto biológico-espiritual:

El plano es la matriz o útero que recibe el concepto o semilla del demiurgo en forma de pinceladas.  Se completa el ciclo vital de la creación artística: si el pincel es el falo (pennello) y el color es la semilla conceptual, el plano se convierte en la matriz o útero donde ocurre la gestación de la imagen.

El papel, la tela o la pared no son superficies pasivas, sino receptáculos fértiles, depositarios reflejantes de la tradición humana de todos los tiempos, rayo de luz que contiene todos los matices del sol, en el fondo el plano de inscripción siempre es la piel humana que conceptualmente se transforma en pared del refugio primordial, luego elemento exento, portátil.  La preparación de la tela (la imprimación) sería la adecuación de ese útero para que la "semilla" del concepto no se pierda y pueda nutrirse hasta convertirse en ícono. 

Sin considerar que esto es una teoría completa, puede ser un punto de partida que sirva para encaminar una búsqueda de conceptos para un discurso estético. 


 
 
 

Entradas recientes

Ver todo
Curiosidad, la voluntad del espíritu

Los músculos se cicatrizan, los huesos quebrados con cuidado y resiliencia se sueldan. Entonces, ¿cuál es la forma en la que el espíritu cierra sus heridas? Me encuentro encontrándome con personas que

 
 
 

Comentarios


Si tenés algo importante para decirnos o crees que tenes la energía, el tiempo e impetú necesario para sumarte a nuestros estudios y organización, podes mandarnos un email a:

bottom of page