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Prolegómenos inevitables para un proyecto de taller de estampas (o la encrucijada del artista que pretende vivir del arte).

  • hace 5 días
  • 3 Min. de lectura


En un país sin mercado del arte, exceptuando ArteBA y las ferias federales, el sustento de la carrera artística es un asunto complejo y poco abordado tanto de manera pública como académica. Sin embargo, es tema recurrente en las conversaciones del gremio por lo que me parece un tema interesante para tratar acá.


El recurso a la docencia o el dictado de talleres es casi inevitable en este ámbito profesional en el que encontrar compradores para nuestras creaturas es muy difícil. Lo que sigue a continuación en este texto cacorista es un avance de las reflexiones sobre el grabado que necesariamente se debe hacer para fundamentar un curso sobre ese tema.


No es lo mismo hacer que hablar de lo que se hace, y mucho más complicado que hacer es enseñar a hacer.  A este respecto, el ejercicio de la escritura para pensar lo que se pretende transmitir es de suma importancia, porque al final se trata de hacer cosas concretas, piezas materiales que ocupan un lugar y resisten la mirada. 


Estos trazos funcionan como un marco de referencia que orientan la pedagogía, como un mapa que sirve de guía a quien aún se encuentra dentro de la caverna, observando por momentos las manos o runas, y por momentos las sombras que refleja el mundo material.


En el ensayo anterior surgió la pregunta sobre el origen de la pintura, lo cual a su vez nos sugiere una nueva pregunta para el caso de otras técnicas artísticas.


¿Qué diferencia a la pintura del grabado o el dibujo, si en estas técnicas es el artista quien “imprime” o “deja su huella” sobre el lienzo o plano de representación? ¿De qué hablamos cuando decimos: "grabado"? Nos referimos en verdad al arte de la estampa o arte impreso.


Estampar significa presionar para producir una imagen; la palabra viene del francés estamper y éste del antiguo alemán stampon (machacar o golpear). Grabar, en cambio, significa hacer una incisión, cavar, hacer un surco, y tiene un origen cultural similar a la palabra anterior.


El acto de grabar requiere aparte de técnica, concentración y paciencia, un esfuerzo físico para marcar la matriz que va a servir para estampar. Hay una relación cercana entre este tipo de grabado y el de la escultura, se lo podría situar en un punto intermedio entre ésta última y la pintura, en cuanto a la utilización de recursos se refiere.


Para entintar la matriz se utilizan generalmente rodillos, o cilindros de metal de una prensa; mientras que para hacer presión sobre el plano sobre el que quedará trasladada la imagen, se utiliza cuchara de madera, frotador o baren. Tenemos entonces dos superficies: una que porta la imagen (matriz o superficie grabada) y otra la que la recibe (un papel que se estampa).

 

Lo que caracteriza al arte de la estampa es la mediación de la matriz entre el artista y la obra terminada, puesto que la finalidad es una estampa, no un relieve en una matriz. Se podría decir que el contacto es indirecto con la superficie final de la obra. “ el producto final es una estampa, es decir, el soporte que contiene la imagen definitiva es distinto de aquél en el que ha intervenido el artista…” (La estampación como proceso creativo. Maria del Mar Bernal, 2013).


Esto es muy evidente en la xilografía, en la monocopia y en el estarcido. Estas técnicas comparten la característica de la mediación de la matriz y obliga al artista a pensar en capas y en espejo. Estas condiciones hacen que la experiencia de hacer estampas funcione como un ecualizador de la experiencia del crear, puesto que es un tipo de arte muy flexible que permite la experimentación y la posibilidad de múltiples recursos.


El diseño inicial, la dificultad de no caer en el error al momento de generar una imagen especular, el sonido de la gubia sobre la matriz, el cansancio producido por la presión de la mano sobre la herramienta, la repetición, la copia y el original, la línea blanca o leucográfica, el archivo del proceso, entre muchos otros elementos que forman parte de la experiencia, provocan tanto en el proceso creativo como en la obra terminada una relación que reviste un valor en sí mismo, valor que justifica cualquier intento de proponer un taller de estampas.



 
 
 

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