Lo irracional de la razón: de Warren Buffet a Friedrich Nietzsche
- 20 abr
- 8 min de lectura
Tras haber leído a Nietzsche, me quedé con sus aforismos XX del libro 1 y su aforismo XX del libro X. Ambos aforismos resonaron en mí tras seguir los estudios sobre la conciencia, el yo, Dios y la filosofía hinduista tanto como la taoísta.
Cuando los leí (están mencionados al pie de página), pensé que eso era lo que yo venía intuyendo. A la par, me impuse unas cincuenta y dos semanas de autoeducación sobre finanzas, economía y educación financiera para mejorar mi vida en más aspectos.
En la segunda semana de este programa generado con IA, me encuentro aprendiendo de todos los sesgos que la razón tiene sobre las finanzas. Cómo la razón no es capaz de ver el dinero como algo neutro y fungible. Este grupo de psicólogos experimentales que fue el primer y único grupo en ganar el Nobel de Economía sin ser economistas, argumentaban que el uso de la plata, aunque la gente se piensa racional, es emocional, o sea irracional.
En este momento me dije, ¡un ejemplo claro y conciso, estudiado y analizado, reconocido y crucial para la sociedad sobre la visión de Nietzsche!
Obviamente que Nietzsche no era a lo que apuntaba y se separa de estos psicologos en su prescripcion. Partiendo de este diagnostico los psicologos dirian “ya que mi mente me engana, necesito construir modelos y sistemas racionales para corregirla”. Nietzsche va a decir que hay que recuperar la fuerza instintiva, la voluntad que desea dentro nuestro.
Mientras continuaba aprendiendo sobre estos sesgos tuve que escuchar una charla muy interesante sobre una de las personas más ricas del mundo: Charlie Munger.
Al minuto 17 Charlie Munger dice algo impresionante: (parafraseando tres semanas después) "en mi adolescencia me di cuenta muy rápido que mi mente me engaña, que mi razón se comportaba más irracionalmente que racional. Y a esa edad tuve que armar un modelo de conducta y pensamiento que me ayudasen a poder conseguir lo que quería."
Es exactamente lo que dice Nietzsche cuando dice que la conciencia "es el último y más tardío desarrollo de lo orgánico y, por lo tanto, también lo más inacabado y débil. La conciencia da lugar a innumerables errores que llevan a un animal o a un hombre a perecer antes de lo necesario." y "la humanidad tendría que perecer por sus juicios erróneos y sus fantasías con los ojos abiertos".
Nietzsche cree que si no fuese porque el poder del instinto que tenemos dentro, nuestra adaptabilidad y supervivencia no hubiesen alcanzado para permanecer sobre la tierra. (Quizá como pudo haber sucedido con otros homo anteriores al Homo sapiens sapiens). Aunque Munger al igual que los psicólogos aplicaría más razón a la razón, la convergencia entre el pragmatismo financiero y la filosofía trágica sobre el tema de la razón se da. Nietzsche en el libro “el origen de la tragedia” diría que la solución Mungerista se origina como un movimiento empobrecedor de la humanidad en Socrates quien instala la razón como principio rector, apuntándonos la fuente de fuerza más profunda.
A todo esto se le suma la idea anterior sobre la Ley Natural (1) y el devenir del universo. La mente cósmica o la física profunda del universo que se direcciona en formas cada vez más autoconscientes y sofisticadas, parece haber llevado a crear animales con conciencia y razón. Si la vaca, como dije anteriormente, es un sofisticado elemento de concentración y complejización de la energía, transformando grandes cantidades de energía solar y glucosa en complejas cadenas de moléculas, ¿es la razón un elemento análogo?
La organización de la razón ha sin lugar a dudas traído grandes desarrollos y seguridades para la humanidad. Bajó la tasa de mortalidad, aumentó la tasa de alfabetización, eliminó la pobreza (material), globalizó el mundo, construyó una inteligencia colectiva, y muchas cosas más.
La razón, cuando empezó a instalarse en el centro de la evolución y la sociedad, desplazó cualquier otra forma de intuir o ver la realidad. El don que nos dio la naturaleza, la razón lo podemos ver como la herramienta para el cambio radical en la forma de vivir del humano y los animales. Nosotros para mejor, ellos para peor. Para la naturaleza también es peor.
Si la racionalidad hoy tomó la preponderancia para el desarrollo de las vidas humanas en su bello y largo destino, gobernándonos para el trabajo, las finanzas, la educación, la alimentación, el planeamiento de las vacaciones, ¿para qué es lo que no sirve?
¿Para qué es que no usamos la razón? Posibles respuestas para guiarnos a aquel lugar donde hoy parece que hay solo anarquía porque no gobierna aquél, parecen ser el amor, los impulsos, la reproducción humana. Ciclos menstruales, la fiebre, el descansar.
¿Qué hay de aquello que damos por sentado? ¿Podríamos pensar en hacer la digestión y pensar en crear un hijo? ¿O colapsaríamos en el intento?
(1) Tomás de Aquino: La Ley Natural es la participación de la criatura racional en la ley eterna de Dios — la inclinación inscripta en la naturaleza de cada ser hacia su propio bien y perfección.
Encontrada en internet: La Ley Natural es el orden inteligente inscripto en la realidad misma, que orienta a cada ser hacia su propia perfección y al conjunto hacia una complejidad creciente.
Aforismo 11:
Conciencia.
La conciencia es el último y más tardío desarrollo de lo orgánico y, por lo tanto, también lo más inacabado y débil. La conciencia da lugar a innumerables errores que llevan a un animal o a un hombre a perecer antes de lo necesario, "excediendo el destino", como dice Homero. Si la asociación conservadora de los instintos no fuera mucho más poderosa, y si no sirviera en general como regulador, la humanidad tendría que perecer por sus juicios erróneos y sus fantasías con los ojos abiertos, por su falta de minuciosidad y su credulidad,
en resumen, por su conciencia; más bien, sin lo primero, la humanidad habría desaparecido hace mucho tiempo.
Aforismo 354:
¿El "genio de la especie"?
El problema de la conciencia (o, más correctamente, de tomar conciencia de uno mismo) solo se nos presenta cuando empezamos a percibir hasta qué punto podríamos prescindir de ella: y es al comienzo de esta percepción donde nos sitúan ahora la fisiología y la zoología (que, por lo tanto, han necesitado dos siglos para alcanzar la pista lanzada con antelación por Leibniz). Pues podríamos, de hecho, pensar, sentir, querer y recordar; podríamos, asimismo, «actuar» en todo el sentido de la palabra, y, sin embargo, nada de ello necesariamente «llegaría a la conciencia» (como se dice metafóricamente). La vida entera sería posible sin verse a sí misma como en un espejo: de hecho, incluso hoy en día, la mayor parte de nuestra vida transcurre sin este reflejo, e incluso nuestra vida pensante, emocional y volitiva, por más dolorosa que esta afirmación pueda sonar para un filósofo mayor. ¿Cuál es, entonces, el propósito de la conciencia en general, cuando en su mayor parte es superflua? Ahora bien, me parece, si me permiten escuchar mi respuesta y su suposición quizás extravagante, que la sutileza y la fuerza de la conciencia siempre son proporcionales a la capacidad de comunicación de un hombre (o un animal), siendo la capacidad de comunicación, a su vez, proporcional a la necesidad de comunicación: esta última no debe entenderse como si precisamente el individuo que es maestro en el arte de comunicarse y dar a conocer sus necesidades tuviera que ser al mismo tiempo el más dependiente de los demás para satisfacer las suyas. Sin embargo, me parece que esto es así en relación con razas enteras y sucesiones generacionales: donde la necesidad ha obligado durante mucho tiempo a los hombres a comunicarse con sus semejantes y a entenderse rápida y sutilmente, se adquiere finalmente un excedente del poder y el arte de la comunicación, como si se tratara de una fortuna que se hubiera acumulado gradualmente y que ahora esperara a un heredero para derrocharla pródigamente (los llamados artistas son estos herederos, al igual que los oradores, predicadores y autores: todos ellos hombres que llegan al final de una larga sucesión, siempre "nacidos tarde", en el mejor sentido de la palabra, y, como se ha dicho, derrochadores por naturaleza). Concediendo que esta observación sea correcta, puedo proceder a la conjetura de que la conciencia en general solo se ha desarrollado bajo la presión de la necesidad de comunicación, que desde el principio ha sido necesaria y útil solo entre los hombres (especialmente entre los que mandan y los que obedecen) y que solo se ha desarrollado en proporción a su utilidad. La consciencia es propiamente una red de conexión entre los seres humanos; solo como tal ha tenido que desarrollarse, pues las especies humanas solitarias y primitivas no la habrían necesitado. El mero hecho de que nuestras acciones, pensamientos, sentimientos y movimientos se encuentren dentro del ámbito de nuestra consciencia —al menos en parte— es el resultado de un terrible y prolongado «deber» que rige el destino del hombre.Como el animal más amenazado, necesitaba ayuda y protección; necesitaba a sus semejantes, estaba obligado a expresar su angustia, tenía que saber cómo hacerse entender, y para todo esto necesitaba ante todo «conciencia»: tenía que «conocerse» a sí mismo lo que le faltaba, «saber» cómo se sentía y «saber» lo que pensaba. Porque, para repetirlo una vez más, el hombre, como toda criatura viviente, piensa incesantemente, pero no lo sabe; el pensamiento que se vuelve consciente de sí mismo es solo la parte más pequeña, podríamos decir, la parte más superficial, la peor parte: - porque este pensamiento consciente es el único que se realiza con palabras, es decir, en los símbolos de
comunicación, mediante los cuales se revela el origen de la conciencia. En resumen, el desarrollo del lenguaje y el desarrollo de la conciencia (no de la razón, sino de la razón que se vuelve autoconsciente) van de la mano. Aceptémoslo además que no es solo el lenguaje lo que sirve de puente entre el hombre y el hombre, sino también las miradas, la presión y los gestos; Nuestra toma de conciencia de nuestras impresiones sensoriales, nuestra capacidad de fijarlas y, por así decirlo, ubicarlas fuera de nosotros mismos, ha aumentado en proporción a la necesidad de comunicarlas a otros mediante signos. El hombre que inventa signos es, al mismo tiempo, el hombre que es cada vez más consciente de sí mismo; solo como animal social el hombre ha aprendido a tomar conciencia de sí mismo, y lo sigue haciendo, y cada vez más. Como es obvio, mi idea es que la conciencia no pertenece propiamente a la existencia individual del hombre, sino más bien a su naturaleza social y gregaria; que, como se deduce de ello, solo en relación con la utilidad comunitaria y gregaria se desarrolla plenamente; y que, en consecuencia, cada uno de nosotros, a pesar de la mejor intención de comprenderse a sí mismo de la manera más individual posible y de "conocerse a sí mismo", siempre traerá a la conciencia lo no individual en él, es decir, su "promedio". - que nuestro pensamiento mismo es continuamente superado, por así decirlo, por el carácter de la conciencia - por el imperioso "genio de la especie" que reside en ella - y es reinterpretado desde la perspectiva de la manada. Fundamentalmente, nuestras acciones son de una manera incomparable, totalmente personales, únicas y absolutamente individuales, no hay duda al respecto; - pero tan pronto como las traducimos a la conciencia, ya no parecen serlo... Este es el fenomenalismo y el perspectivismo propiamente dichos, tal como yo los entiendo: la naturaleza de la conciencia animal implica la noción de que el mundo del que podemos tomar conciencia es solo un mundo superficial y simbólico, un mundo generalizado y vulgarizado; - que todo lo que se vuelve consciente se convierte, por lo tanto, en algo superficial, escaso, relativamente estúpido, - una generalización, un símbolo,Una característica del rebaño es que, con la evolución de la conciencia, siempre se combina una gran y radical perversión, falsificación, superficialización y generalización. Finalmente, la creciente conciencia es un peligro, y quien vive entre los europeos más conscientes sabe incluso que es una enfermedad. Como puede conjeturarse, no me refiero aquí a la antítesis entre sujeto y objeto: dejo esa distinción a los epistemólogos que se han enredado en las labores de la gramática (metafísica popular). Menos aún es la antítesis entre "cosa en sí" y fenómeno, pues no "sabemos" lo suficiente como para tener derecho siquiera a hacer tal distinción. De hecho, no tenemos ningún órgano para conocer, ni para la "verdad": "sabemos" (o creemos, o imaginamos) solo lo que puede ser útil para el interés del rebaño humano, la especie; e incluso lo que aquí se llama "utilidad" es, en última instancia, solo una creencia, una fantasía, y quizás precisamente la estupidez más fatal por la que un día seremos arruinados.
Comentarios