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Lo mejor de la noche 

  • 11 feb
  • 2 Min. de lectura

Es una noche de enero, hace calor. El círculo d personas es más grande que lo habitual, algunos nuevos, algunos con experiencia ya. Lo lindo de cada viernes, es que no se puede pensar que va a suceder hasta que se está ahí, en cuerpo y en alma dentro de lo posible, pero el cuerpo seguro está sentado en esa silla.

Y la propuesta es explicada, pero todos sabemos que pese a los esfuerzos de quien intente conducir, el pensamiento grupal es como un río que se va acrecentando sobre la marcha de su circulación y puede ser se desborde e inunde la ciudad.

Este viernes los temas propuestos pasaban por descifrar las capas de las cosas, si todo tiene niveles objetivos y subjetivos, si cuando figo “manzana” además de la fruta, se me representa la empresa de teléfonos y Adán previo al quilombo final con Eva, por el mordisco.

Lo relevante es que no podemos saber nunca que entiende el que está al lado de lo que decimos, pese a que sea una explicación puntillosa y metodológica.

Lo relevante es estar ahí, y sentir algo, al escuchar que alguien nos sorprende, nos despierta, nos demuestra que tanto algoritmo y besos por celular no valen gran cosa, que ya lo sabemos, pero lo olvidamos todo el tiempo.

Un rubiecito, psicólogo, a quien no conocía hacia una hora, pero que está a mi lado, reflexiona sobre Lacan, sobre las palabras, pero sin previo aviso, dispara un poderoso tiro al corazón del pichón:

“¿porque necesitamos escuchar algo que el otro puede decirnos?”

Los temas fluyeron, como olas que van chocando entre sí en la superficie, alguien con buen tino refiere que el problema sustancial de toda esa noche de nuestra existencia, es que “somos mediocres”, entendiendo por mediocres “que no somos top five” en nada.

Y si, nunca seremos top five de nada, ser uno de los cinco dedos de la mano es algo virtualmente imposible. 5 entre 500.000, “one in a million” el nombre del disco de los Guns and Roses. ¿Queremos escuchar al prójimo y desconocido hacía un ratito, porque quizás él pueda emocionarnos, tanto a más que nuestros amigos, nuestras parejas, nuestros compañeros de laburo, etc.?

La charla continuaba como el río en su bajada o subida, con sus salmones a contracorriente, con sus Andreses Calamaros de turno aportando conceptos, luchando contra los algoritmos de las frases hechas.

Agrego otro elemento a este ensayito, a esta tentativa de ensayo mejor dicho (escrito)

¿Estamos ahí un viernes a la noche en grupo porque nos dimos cuenta hace rato que solos no podemos “pensar”?

¿Será que estamos ahí un viernes a la noche, porque sabemos que cuando estamos mano a mano con nosotros mismos es jugar al ajedrez para quedar en tablas?

¿Son por acaso ustedes hoy un público respetable, pueden acaso beber el vino, por ustedes envasado, puede alguien decirme, me voy a comer tu dolor?, así la canción de Patricio Rey.

A propósito, el viernes tenia puesta la remera de Patricio Rey.

 
 
 

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