LOS PRIMEROS PASOS
- 13 nov 2025
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En un video blanco y negro de youtube, un joven Bill Evans ya “pegado” en el dominio de su estilo, comenta frente a un entrevistador, acerca de la práctica e improvisación en el piano, una verdad o tal vez una receta para jóvenes artistas:
for better or worse, style eventually comes from itself
Este “estilo” del que habla Bill Evans refiere, yo creo, a la idea de identidad artística que la mayoría de los artistas aspiran como punto de llegada o mínimo como condición de una obra de valor estético reconocible. Evans se explaya acerca de la práctica de la improvisación, dentro de un género, la música de jazz. Casi como si hablara de los primeros pasos de un bebé, dice que no importa dar grandes pasos, pocos, solamente los necesarios. ¿Cuáles son los pasos necesarios?
Un Antonio Berni ya muy encaminado -necesitado de dinero, da clases de dibujo- le dice a sus alumnos que dibujen una mano cada día, para aprender a dibujar. Así recuerda al maestro uno de sus alumnos, Bobby Aizenberg, futuro referente inequívoco de las artes visuales noventosas. Pintar una mano cada día para dibujar cada vez mejor manos ¿luego cuerpos? ¿dibujar manos para después pintar bien cuerpos? ¿Edificios geométricos? ¿Paisajes surrealistas?
Los pasos, pocos, los justos, antes de ir agregando nuevos, no preocuparse por el estilo de la improvisación, sino de la práctica, ocuparse de algo más general, no del estilo o de la identidad, ocuparse de otra cosa.
Los géneros y subgéneros funcionan como plataformas donde practicar (música electrónica, arte geométrico, pintura de paisajes, chacareras, dirty poems), con sus plantillas, sus colores, sus formas, sus referentes, sus figuras clásicas, sus figuras mediocres, sus figuras descollantes: un corralito para ir practicando.
¿En la práctica de un género se puede aprender un oficio? Antonio Berni y Bill Evans proponen el aprendizaje lento de un oficio como condición de una posible identidad futura. Dicen: primero, los primeros pasos, porque finalmente el estilo surge de sí mismo. Un verdadero misterio, en la repetición de los primeros pasos, en la repetición de las manos dibujadas. Y el estilo surge de sí mismo, para bien o para mal. Como si hubiera, al mismo tiempo, una maldición del estilo o la identidad que, una vez adquirida, puede llegar a ser algo de lo que nos arrepentimos.
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