Sobre la ficción
- 22 oct 2025
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Lejos de estar únicamente en cuentos, películas o canciones, la ficción es un elemento narrativo y de control que nos rodea de forma silenciosa y constante. Desde pequeños somos bombardeados con la idea ficta de que las cosas son de determinada manera, hasta que, en su defecto, se demuestre lo contrario. Esa ficción inicial no es sólo un modo de imaginar, sino una forma de organizar el mundo.
El primer ejemplo que se posa sobre mi mente es el de la casa que dibuja un niño. Le propongo a quien se encuentre leyendo este texto que imagine cómo es ese dibujo. Probablemente contenga elementos distintivos como una chimenea y un techo a dos aguas. Sin embargo, la mayoría de los niños que viven en la ciudad de Buenos Aires lo hacen en departamentos o en casas que nada tienen que ver con ese modelo. ¿Por qué, entonces, se construye esa imagen? ¿Por qué una chimenea podría representar el calor del hogar para un chico que jamás vio una?
La ficción nos acompaña desde las sombras de nuestros primeros pasos. Se infiltra en la lengua, en los gestos, en los mapas mentales con los que interpretamos el entorno. Pero esto no es inocente. Como sociedad, realizamos pactos de ficción de manera constante para sostener ciertos acuerdos: creemos en el valor del dinero, en la figura de la ley, en los límites de un territorio o en la noción de persona jurídica. Todo ello requiere imaginación colectiva.
Atribuimos características humanas a las sociedades comerciales, proyectamos identidades en logotipos, le otorgamos voz a una marca. Cada representación es un artificio simbólico que nos permite funcionar. Lo curioso es que esos pactos, aunque sostenidos por todos, tienden a invisibilizar su propio carácter inventado. Nos acostumbramos a creer en ellos como si fueran naturales, esenciales, incuestionables.
La ficción, entonces, no se opone a la realidad: la constituye. Define los marcos dentro de los cuales algo puede ser considerado verdadero o posible. Toda construcción social —desde el lenguaje hasta la propiedad privada— es una ficción que, al repetirse, se solidifica. Y cuando una ficción se cristaliza, se convierte en norma, en costumbre o en poder.
Recordar que lo que parece dado no siempre lo es resulta un ejercicio de resistencia. Implica reconocer que debajo de las formas más estables hay narraciones que podrían ser contadas de otro modo. Que toda realidad es, en algún punto, una historia que seguimos eligiendo creer.
Andres Moguillones: Hola, hago una devolución medio desordenada del texto de Gina de esta semana acerca de la FICCIÓN:
El concepto de ficción es uno de los grandes conceptos vinculados al arte.
“No se puede vivir en un ficción”. “La ficción se opone a lo real”. O “La ficción es más real que lo real”.
La ficción no es naturalmente “ideológica”.
[La ideología a menudo se asocia con una visión de "falsa conciencia" (en la crítica de Marx) o con sistemas que distorsionan la realidad en beneficio de intereses particulares.
Relación con el poder: Las ideologías pueden legitimar o cuestionar el poder establecido, y a menudo reflejan los intereses de ciertas clases sociales.
Falsa conciencia: Marx y otros críticos señalaron que las ideologías pueden funcionar como una forma de autoengaño o de presentar intereses particulares como universales.] (extraido de Google)
La ficción es un dispositivo. Permite tanto exponer lo real, como ocultarlo.
WE NEED HIPOCRACY , dice Zizek, en el sentido, de que la hipocrecía finalmente, “armoniza” el mundo. Se podría aplicar a las narrativas o ficciones.
Vivir en ficción también es vivir de modo alienado.
Ficciones o narrativas, son estructuras que sostienen el mundo.
Si se piensa a la ficción como dispositivo, puede ser usado como ideología (ocultamiento) pero también como dispositivo que devela algo que está oculto
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