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Sobre la relación del tiempo y las cosas materiales

  • 18 may
  • 2 min de lectura

Pasé las últimas dos semanas en la casa de mi madre, retomando la convivencia con una infinidad de objetos que me vieron crecer. Buscando un bowl para cocinar, me encontré con unos bowls de plástico de colores. Al verlos, viajé instantáneamente en el tiempo. Primera estación: la cocina de mi infancia. Segunda estación: las mezclas realizadas en aquellos bowls.


Debo advertirle a quien lea este texto que los bowls en cuestión no tienen nada del otro mundo. No están hechos de un material noble, no se destacan especialmente por su forma ni por su color. Sin embargo, tienen algo mucho más extraño: funcionan como un botón temporal.


Después de navegar entre recuerdos de tortas preparadas con amigas después del colegio, mezclas de masa casera hechas con mis hermanos y escenas domésticas aparentemente menores, tuve una pequeña revelación: esos bowls tenían casi veinticinco años de existencia y seguían en perfecto estado. Claro, son de plástico, y eso abre inevitablemente la pregunta por su huella ambiental. Pero más allá de eso, pensé en cómo aquel objeto no solo había sido testigo de distintos tiempos, sino también partícipe necesario de mi desarrollo.


Entonces aparece una pregunta: si seguimos avanzando hacia un mundo donde todo se destruye y se reemplaza casi con la misma velocidad con la que se consume, ¿qué ataja nuestros recuerdos? ¿Dónde se alojan las memorias cuando los objetos que podrían sostenerlas desaparecen antes de adquirir espesor? ¿Existe, incluso, una forma de vulneración de la memoria en esta lógica de reemplazo constante?


No se trata de defender la acumulación de cosas, ni de afirmar que un recuerdo necesita necesariamente de un objeto para existir. Pero quizás la cuestión sea otra: la posibilidad de sostener. Que algo permanezca. Que un objeto atraviese el tiempo, se desgaste, se use, sobreviva, y en esa supervivencia se cargue de una intensidad silenciosa. Un objeto cualquiera puede volverse talismán no por lo que vale, sino por todo el tiempo que fue capaz de guardar.


 
 
 

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1 comentario


Marian P.
Marian P.
19 may

sobre los bowl que funcionan como magdalenas para

proust, el secreto siempre es que las cosas sin lo que son, y algo mas. en ese algo mas esta el vinculo afectivo, lo que nos acerca, lo que hace que recordemos. memoria y capacidad afectiva (algo casi secreto) van juntos. gran texto.

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