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Veritas

  • 18 may
  • 2 Min. de lectura

En una época difícil de imaginar ahora, a fines de los años 90, la televisión marcaba el ritmo de la cultura popular argentina. 


Los adolescentes veíamos a Jorge Guibnzburg y Horacio Fontova en “Peor es nada” y nos reíamos de las parodias del menemismo de pizza y champan con corrupción en sus cimientos y a veces, programas políticos conducidos por  Bernardo Neustadt y/o Mariano Grondona. 


En “Hora clave”, su programa semanal, Grondona, profesor de la U.B.A. solía buscar el origen de las palabras. “Veritas” recuerdo dijo en aquel programa suyo, analizó era la base etimológica de “verdad”.  En la tertulia, hablamos de la verdad, pero dividiendo el campo teórico en Verdad (Dios, el destino, lo que no sabemos, el misterio) y verdad (en minúscula, más cerca de los datos, de lo que nos muestran los noticieros, las opiniones, etc.);  La Verdad con mayúscula, después de varias horas de charla, quedó más cerca del concepto “de lo misterioso”, de lo que solo podemos “intuir, pero no podemos asegurar”. La Verdad sería compuesta de una materia prima que no podemos asociarla con datos duros.

¿La matemática es la Verdad o es la “verdad con minúscula”?

¿Saber matemática o física nos acerca a conceptos que aportan tranquilidad o sentido para vivir? 


Sin caer en el atajo del relativismo (posición filosófica que niega la existencia de verdades absolutas, considerando el saber cómo incompleto, subjetivo e incapaz de ser objetivo, ya que está influenciado por la historia y otras ideas preconcebidas) tratamos de pensar en grupo y apareció como un farolazo brillante en medio de la noche un concepto:

 “lo único que es una verdad segura, es que un día moriremos” esgrimida por Gustavo. 

Es grato escuchar un concepto que limpia de tantas dudas la conversación y no importa que sea obvia es idea, necesitamos que aparezca un poco de tierra firme donde pararnos después de la inestabilidad del agua de las dudas. 


Cerca de  la medianoche, un ejemplo acerca de “Verdad y naturaleza” que soltó Valentino nos hizo sonreir y hasta una emoción de esas que quedan guardadas en el corazón:

“Si una mamá tigre ve que un cocodrilo abre la boca y se come un cachorro de ellos cinco que tiene en el río, y ve que no puede hacer nada, pone cara de dolor y se va en silencio, aceptando que esa es una verdad, que no es justa ni injusta,  es algo que es contrastable y tiene hasta su lógica”


 
 
 

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