Bajar es lo mejor
- 4 ago
- 2 min de lectura
Un lunes más desafiados por la terrible suerte de estar anestesiados. Muchos encantadores de serpientes viven una existencia errante, visitando ciudades y pueblos en las fiestas. En la maravillosa y muy lejana La Lucía existe una única fiesta de puertas que abren otras puertas y que ninguna nunca cierra. Ojos que solo ven los espacios en rojo y azul en latencia, sin la necesidad de portar anteojos de cine 3D. Curanderos los encantadores contemporáneos, de gusto fino y elegante musical. Con un breve encuentro disco de fin de semana, desafían a cualquier ser en su estado crítico. Dislocan, hechizan, desean.
Al otro lado de la pista, en alguna ronda disco, Regina me elige de cómplice para que vayamos hasta abajo; respondo con una meneada intensa. Suertudas las que fuimos elegidas para hacer la misma lectura de esta situación. Estiramos los brazos para bailar juntas. Mientras todos se quedan arriba, nosotras bajamos con dolor de panza por la risa. Momento Chic sirénico. Dislocan, hechizan, desean.
Más parecido a un acuario, encerradas y miradas desde abajo, hicimos ese paso esperado. Perfectamente coordinadas, nos pinzamos la nariz con el índice y el pulgar mientras el otro brazo se mueve en ondas verticales. Estamos en el fondo del mar. El encantador nos aprueba con un guiño desde atrás de su consola. Velada, su cara camaleónica se acomoda a los estándares de belleza de cada una y así logra su naturaleza de deseado por cualquiera. Las que nunca se enamoran. Igual, el chiste es ahogarnos de risa, y con la nueva bebida Chic: vermú con hibiscus y soda. La gracia característica de nuestro V.I.P. es que es invertido. Queda abajo, en el fondo. Propone que el único privilegio real es donde te hundís al reconocerte en otro, al actuar de reflejo y en perfecta sincronía.
El domingo el encantador parte con su consola en el hombro, sigue su camino hacia otra gran fiesta, con su perfumada presencia, en otro lugar lejano. Para los restantes habitantes de La Lucía, el lunes anestesiado no es el enemigo: es el precio de haber bajado. El costo consciente de haber vivido espontáneamente algo real. Dislocan, hechizan, desean.
Por suerte, quien vive despierto después de un encuentro con un encantador tiene una semana intensamente excelente. Arregla paredes y techos; es posible que construya una muralla.
La mayoría o todos, agotados, esperamos el siguiente encuentro en la terrible suerte de estar anestesiados, con el cuello doloroso de tanto mirar para abajo y en RGB.

Comentarios