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El domingo amanecí con resaca

14 sept
2 min de lectura

El domingo amanecí con resaca. Creo no haber tomado tanto pero a la vez, creo que estoy mintiendo un poco. Pienso entonces, sí valió la pena este síntoma, si lo podría haber evitado, y viajó a la noche anterior. 


Los rituales son importantes y entre ellos quizá el que más repetimos es el de cumplir años. Existen los velorios y existen las fiestas de cumpleaños.


Las fiestas son asombrosas pero difíciles de gestionar, por ende, cuando vamos creciendo cada vez perdemos más la esperanza en festejar, decimos que no nos gusta nuestro cumpleaños, que nos da fiaca organizar. Creo que cuanto más crecemos, más miedo tenemos de que nadie asista a nuestro cumpleaños, que sea un reflejo de la soledad, que no nos reafirmen los nuestros. Como el famoso deseo de fabular la propia muerte y ver quienes asisten al velorio. Ante esto, tomamos la vía de escape: no festejar. 


Pero brindar una fiesta es brindar la oportunidad del encuentro, del cariño y de la diversión. No es para cualquiera tampoco saber divertirse en el cumpleaños de otro. No pedir deseos para uno, sino hacer una ronda de deseos para el otro. De pronto, ir a un festejo ajeno nos trae un manto de humildad.


Para ir a un fiesta tenemos que ir con la mente abierta, abierta a bailar las canciones que pone otra gente y esperar nuestro momento para poner la música que queremos. Hay que ir abiertos a quedarnos un rato solas porque nuestra amiga fue al baño y entablar conversaciones con el amigo de mi amigo. Hay que no saber cuando terminar una fiesta, encontrar un grupo que le pida a la policía que estire un rato más. Que le prometa que va a bajar la música aunque no sea así. Que tenga la ilusión de que Buenos Aires siga abierta toda la noche, el cantobar seguro estará abierto hasta las 7am. 


Siempre me dicen que soy la última en irse de los lugares, que nunca quiero que terminen los encuentros. Es importante encontrar gente bárbara que comparta este deseo. Que quiera estar festejando en distintos lugares, con los amigos de todos, todos los cumpleaños que existan. Estar vivo es algo un poco raro a final de cuentas. 


Repaso la noche y repaso las risas, recuerdo que le tire el vaso de cerveza a la amiga de una amiga y me abrazó, lamentablemente creo que era la última cerveza que quedaba, ya era tarde. Quizá nunca nos hubiéramos abrazado si no estuvieramos borrachas, celebrando a una amiga en común. Y ahí es donde radica lo importante de la fiesta. 


Hubiéramos querido volver más tarde pero sin mucho más, algunos volvieron a las seis de la mañana con amores nuevos, amigos nuevos, apodos nuevos y anécdotas nuevas. 


La resaca del domingo valió la pena. 

 
 
 

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1 comentario


Valentino Caruso
Valentino Caruso
01 sept

Cada vez me convenzo más de que eso es la vida: un espacio abierto para que al cuerpo y al alma les suceda un abrazo con un desconocido en el cumple de un ami. Que al cuerpo le chorree la última cerveza, caminar hasta un lugar que cierra antes de las siete. La vida es un montón de eventos que provienen de un futuro y un momento inciertos.

También uno cuida aquel curso de acción que crea. La vida tiene sus momentos de festejo, de estudio, de aburrirse y también de funerales. ¡Qué bueno es estar vivo!

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