Fuego conversa conmigo
- 23 mar
- 2 min de lectura
Y pensar que el fuego fue descubierto millones de años antes de que apareciera nuestra especie actual, y aún hoy en día sigue siendo difícil controlarlo, y a veces hasta cuesta encenderlo. Pasa seguido con el termotanque, y también en las tertulias.
El fuego, al igual que el diálogo, necesita de ciertos elementos para producirse. Uno de estos elementos es la energía de activación, la cual puede aparecer por la fricción entre dos cuerpos como por ejemplo dos piedras que chocan entre sí y que generan una chispa. Esta chispa la podemos relacionar metafóricamente como el instante en el que recibimos un conocimiento de forma súbita, casi como una revelación. Algo que despertó nuestro interés, nos generó curiosidad y cautivó nuestra atención, de repente, logra que algo dentro nuestro se encienda.
No hace falta tener un encendedor a base de un destilado de genialidad para que algo nos rompa el bocho y quedemos estupefactos. Pero sí se tienen que dar ciertas condiciones. Así como está el triángulo de fuego: combustible, comburente, energía de activación y reacción en cadena; también tenemos el triángulo de la retórica aristotélica: pathos, ethos y logos. Una vez que la comunicación fluye, llega un momento en el cual los cerebros empiezan a sincronizarse. En ese momento, la mesa que se encuentra en el centro del círculo de la tertulia puede convertirse en una fogata.
Los neurólogos estudian algo llamado acoplamiento neuronal, que se parece bastante a esto del fuego, y se produce entre otras cosas cuando prestamos atención, escuchamos activamente y nos interesamos genuinamente en lo que el otro dice. Lo seguimos con el razonamiento registrando en la memoria para no perder el hilo, nos genera curiosidad, y hasta nos llega a conmover. No conmueve la poesía en sí sino lo poético del fenómeno, el de la apertura de un ser hacia una comunidad que escucha con atención, que está completamente presente.
Pero a veces, por muchas vueltas que se le de, la cosa no funca. Cuando no pinta la sincronización, aparece la confusión, la incomodidad y la frustración. Puede que aparezca el fuego pero en su lado más siniestro. Los límites y desafíos se hacen más presentes.
En el cine o en el teatro, si la función es buena o nos gusta por un motivo particular, experimentamos con el cuerpo la risa, el llanto o el dolor, y está previsto que así sea. El guionista y quien dirige se tomaron el trabajo previo de manejar muchas variables para que esto suceda. Pero en una tertulia, aunque el tema esté previsto de antemano, no se manejan las reacciones y respuestas, lo que sucede es más inesperado que en una performance artística, y eso también puede estar bueno.
¿Qué tan poderosa puede ser una conversación profunda? Nos cambia la vida. Es capaz de hacer que “hagamos un click”, que cambiemos la forma de pensar o la perspectiva sobre algo, que comprendamos verdaderamente una cosa, que nos sintamos motivados, que conectemos con otras personas y fortalezcamos las redes (neuronales y sociales). El fuego, si lo logramos encender y controlar, puede ser un arma poderosa de la cultura.

Comentarios