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La espectacularización como supervivencia

8 sept
3 min de lectura

“Run to the bedroom

In the suitcase on the left you'll find my favourite axe

Don't look so frightened, this is just a passing phase

One of my bad days”

one of my turns, Pink Floyd.*



El sábado a la noche, paseando por la Av. Gálvez, me encontré con una galería de arte que inauguraba una muestra doble. Había gente bebiendo tragos y bailando en la vereda alrededor de un parlante. Esto me llamó la atención y, como no iba con apuros, me frené un momento.


Había una muestra de pintura de una artista llamada Candelaria Oliden, y en una pequeña sala (o cubo negro, como se le dice hoy) una jaula con un instructivo. La artista era Gina Montti. Ambas salas estaban curadas por César Núñez. Curador santafesino, artistas bonaerenses.


La experiencia fue breve. Me quedé unos minutos en el umbral de la sala para ver cómo la gente hacía fila para entrar a la jaula. Las personas depositaban su celular en una pequeña jaula a la que le ponían un candado con llave, y después ellos mismos se metían en otra jaula bastante grande y con un asiento. Luego le ponían ellos mismos un candado, al que previamente le cargabas cuánto tiempo querías permanecer, y trababan la puerta.


La jaula daba a la vereda. Un ventanal gigante aseguraba al enjaulado ser visto desde la vereda, desde el espacio público donde los invitados o espectadores disfrutaban de la tarde.

No entré en la jaula, pero sí vi cómo varios se dispusieron a entrar. Cuando yo pasé, había gente haciendo fila. Luego salí de la galería y, sin saludar a nadie, me fui a donde me esperaban.


Mientras seguía caminando por la Gálvez, no podía dejar de pensar en la vuelta que la contemporaneidad le había dado al espectáculo del mítico Debord.


En esta instalación, el ser espectaculariza su propio encierro, controla su encierro, estetiza la jaula y se muestra atrapado por su propia voluntad (distinta a la voluntad que atrapa al héroe trágico).


En esta instalación quedaba clara la transparencia a la que habíamos llegado. No solo dejábamos de ser para tener, y luego dejábamos de tener para pasar a parecer, sino que ya exponemos cínicamente la situación del parecer ser.


El rechazo a la seriedad de la situación ontológica y a la solemnidad de una vida de lucha y resistencia (objetivo inclaudicable de la Internacional Situacionista de Guy Debord y su influencia en el mayo del 68) creó una brecha entre la reflexión a través de la obra y la liviandad del espectáculo de una galería.


Si uno mismo se divierte con su propio encierro voluntario en una jaula, o en el lock-in (1) de una empresa de entretenimiento, de IA u otros consumos diversos, ¿en qué momento llegará aquello que permita hacer despertar en uno la libertad, la soberanía y la difícil tarea de vivir, y no meramente existir?


Para bajarle la espuma a esta rabieta, pensaba que la gente se estaba divirtiendo en la inauguración de una conocida, una amiga o una trabajadora del arte. Era sábado, había alcohol y había música. Tendrían el lunes a la tarde para entrar con la seriedad de la semana a reflexionar y a sentir el rigor de la estupidez, la frialdad de quienes nos cuidan y el cuchillo de quienes nos explotan. De vuelta, la realidad y la situación quedan subordinadas a la lógica del capital del espectáculo.


Luego muchas preguntas más me asaltaron. ¿Por qué queríamos parecer y mostrarnos encerrados? Sin duda, la artista materializaba en una situación concreta de algo fenomenológicamente más complejo que una jaula de hierro. ¿Parecemos encerrados o estamos encerrados? ¿Cuándo vamos a salir de las jaulas que nos aprisionan? El fin del cronómetro que mantiene la puerta, en nuestras vidas, ¿a quién se lo delegamos?


Otra reflexión fue pensar qué otras cosas en la naturaleza parecen otra cosa. Y pensé que había insectos que parecían ramas u hojas para reducir las chances de ser cazados. Alguna vez vi un animal actuar de muerto para no ser devorado. Pienso en el camaleón, y en las flores, que también tienen sus técnicas para llamar la atención de los polinizadores.


Toda estrategia natural de asimilación sería funcional a sobrevivir. Si el humano está tratando de parecer algo que verdaderamente no es, ¿será una estrategia de una sociedad en supervivencia? ¿O el humano que parece feliz y de vacaciones todo el tiempo en las redes (reduccionismo alert) tiene una herida interior que lo impulsa a parecer algo que no es? ¿Parecer es nuestra herramienta de supervivencia?



(1) Estrategia empresarial para que los usuarios no puedan abandonar sus plataformas sin una gran inversión de energía, de estrés y alguna suma económica.



 
 
 

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