ME ENCERRÉ POR SEIS HORAS EN UNA JAULA
Llegué a la muestra de Gina Montti en Núcleo Contemporáneo durante la inauguración. Apenas entré a la sala me encontré con una jaula. Al lado había un instructivo grande, pegado en la pared. La obra indicaba que había que elegir un tiempo de permanencia, una vez que entrabas, cerrabas el candado con el tiempo cronometrado y, transcurrido el tiempo seleccionado, se abría automáticamente.
Como estábamos en plena inauguración, pensé que seis minutos era un tiempo suficiente. Imaginé que podía entrar, permanecer ahí durante la presentación y salir para los aplausos.
Pero me equivoqué. En lugar de seis minutos marqué seis horas y siete minutos. no me di cuenta inmediatamente. Entré, me senté y empecé a mirar alrededor. La sala tiene una vidriera que da directamente a la calle, así que desde adentro podía ver la vereda, el movimiento de afuera y, al mismo tiempo, podía ser vista.
Después de un rato llegaron amigas y cada vez más personas. Las veía pasar, saludarse, conversar. Me dio un poco de Fomo no estar con ellas. Y al rato alguien se dio cuenta del tiempo que había puesto.
Todos empezaron a reírse, a hacerme chistes, a hacer payasadas para entretenerme. Yo también me reía, hasta que imaginé el echo de no poder salir realmente, ¿cuánto más tendré que estar ahí hasta que puedan sacarme? Ahí Sentí un nudo en la garganta, un poco de ansiedad y vergüenza.
Había cometido un error absurdo y, además, lo había cometido yo sola, nadie me había encerrado. Yo misma había elegido entrar y yo misma había programado mi encierro.
Pensé ¿cómo salgo de acá? ¿Van a tener que romper el candado? ¿Voy a arruinar la obra de la artista?
Incluso empecé a pensar en las posibilidades de escapar. Probé la estructura y descubrí que, haciendo bastante fuerza, probablemente podría separar un poco los hierros. Pero eso también implicaba romper la jaula.
En el peor de los casos, pensé, seis horas no voy a estar. Ese pensamiento me tranquilizó y pude empezar a reflexionar sobre lo que me estaba pasando.
Me sentí como un animal que había caído en una trampa, Como una trampera que usaban en mi familia para saca los gatos que llegaban al patio.
Me sentía observada.
Finalmente fueron 25 minutos, se me pasaron bastante rápido por la atención que recibí.
El error terminó produciendo una experiencia muy interesante, una mezcla de incomodidad y humor.
Gracias, Gina, por la experiencia y por la liberación.


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