UNA IMITACIÓN DEL ENTORNO
- 20 jul
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Satisfechos los intereses materiales básicos y elementalísimos, voy por los ideales, que, en caso de estar carente de su esencia, me quedaría internamente famélica. Por lo general, el ritual habitual para salir de esa, es poner un tema, en especial ese que escuché en loop sin parar durante el equivalente de 365.000 días; o visitar de nuevo ese lugar en el que por momentos fui feliz. La repetición como rancho permanente.
A lo Søren, me doy cuenta que la pretensión de repetición no es más que la posibilidad absoluta de lo nuevo. Desencantadora, sí. Sorpresiva también puede ser esa novedad.
La imitación del recorrido de un lugar, me llevó a un viaje. Ya casi llegando al rumbo al que fui, con algo de sangre en los pies y un poco de transpiración, apareció el error. Un pobre yerro me castigó condenándome a una laboriosa prestidigitación frente a una moto que llevaba al disfrazado de policía. A esa altura del recorrido, mis huesos ya respiraban carne pero sin caer en el pavor.
Al margen de lo planificado, repetí la rutina salvaje de tomar la ruta encarnada, para enterarme que no es lo que es, o lo que creía que era, o lo que la imagen que aparece en la pantalla me decía. Casi casi muerta a cascotazos por unos pocos vecinos que al final pareciera que resultaron buena gente, mucho más mansos que la jauría que gobierna las calles de ese pueblo. La sospecha en las zonas de frontera no es joda, ahí cerca del río es donde la fauna acuática es la que menos corre peligro. Por “suerte” y “gracias a Dios” no pasó nada.
No percibo muy fácilmente lo que me causa gracia, entonces pido una noción que aguante el fulgor en mi mente. Pero la idea se va, y llega el tema que pega en el momento y distrae con todo el agite en la escena de ficción.
Todo por culpa del exceso del líquido carmesí que se siente al tragar y que acaricia la médula espinal. Todo también por el anhelo de ver un atardecer disimulado. Todo por querer llegar más cerca del horizonte cuando el sol se va poniendo más lindo que nunca. Todo para llegar lo bastante próximo para escuchar un bramido bien áspero, de pocos amigos. No sé vos pero yo nunca vi a un toro esquivo y gentil. Zafé por estar lo bastante lejos para no ser investida por uno de los bovinos más belicosos de la zona. Moraleja, si la vaca lechera y desnutrida da tres pasos consecutivos en dirección a donde te encontrás, prestá atención porque te está anunciando algo.
Se fue la chance de encontrar el lugar, de ponerle cara a la cosa, de materializar la abstracción burocrática. Media vuelta y a la casa, a seguir pateando la suerte del destino.


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